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Su signo jeroglífico
significa vida y es un símbolo que apunta a la divina y eterna existencia.
Su
imagen es similar a la cruz cristiana; únicamente varía la parte superior,
que resenta una forma ovalada a modo de argolla o asa.
Los egipcios consideraban
a esta cruz como el símbolo de la vida, y era uno de los principales
atributos de la diosa Isis, que fue quien consiguió devolver la vida
a su esposo y hermano Osiris. Aunque, en realidad, la mayoría de los
dioses, en su calidad de inmortales, la llevaban.
Son muy numerosos los
grabados y esculturas en los que aparece un dios o diosa con la cruz
en la mano, acercándosela a la nariz de algún otro dios o protegido.
Con este gesto el portador de la cruz insuflaba aliento de vida al otro,
quien a su vez, lo recibía a través de las ventanas de su nariz.
La cruz ansada representa
la vida en un amplio concepto. Es la vida con mayúscula, la que no acaba
con la muerte, la que resurge y continúa. Por eso, se aplicaba a la
frente de los faraones, para que su visión de la eternidad prevaleciera
durante todo su mandato por encima de cualquier contratiempo. Por tanto,
como amuleto, favorece la longevidad y la sabiduría de quien ha vivido
muchas vidas.
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