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El escarabajo representaba
la inmortalidad del alma a través de los ciclos de reencarnaciones.
Como amuleto aseguraba
una muerte digna con un feliz tránsito, y su poder talismánico se extendió
hasta Fenicia, Cartago, Etruria y Grecia, e incluso en el arte paleocristiano
aparece como símbolo de resurrección.
Al parecer, los egipcios
mantienen la creencia de que esta especie carecía de hembras, así que
cuando el macho quería engendrar, formaba una bola de estiércol con
sus patas traseras durante un recorrido que siempre se dirigía del este
hacia el oeste, imitando el movimiento del Sol. En la bola depositaba
su simiente y la enterraba durante un tiempo para después desenterrarla
y arrojarla al agua. Más tarde, de esa bola nacería un nuevo escarabajo,
de ahí, la analogía con el hombre que muere y es enterrado para después
renacer, tras su paso por las aguas, a una nueva vida.
El valor del escarabajo
como amuleto aún se mantiene, especialmente representado en el típico
escarabajo egipcio de color azul. Se trata de un amuleto que atrae la
buena suerte en momentos difíciles y cambios importantes, no en vano
el color azul produce una sensación de calma y profundidad, a la vez
que favorece el espíritu de aventura y el despego material.
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